Hay un momento clave en la vida de todo emprendedor gastronómico: cuando las ollas de la casa se quedan chicas.
Al comienzo, la cocina casera es perfecta. Pero a medida que creces, aparecen los problemas: riesgo de multas, desorden familiar y la imposibilidad de venderle a clientes grandes porque no tienes resolución.
Muchos sueñan con vivir de lo que cocinan. Los que lo logran tienen algo en común: deciden profesionalizarse.
Arrendar una sala en Cofactory no es un gasto, es una decisión estratégica. Es pasar de cocinar "como se puede" a producir "como se debe".
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